Fin de fiesta (lágrimas en Wall Street)

Las fiestas de fin de año aumentan de manera considerable el consumo de objetos innecesarios y con esto en forma de cascada ascendente aumenta la producción y la cantidad de residuos industriales a los cuales también se les tiene que buscar una disposición final. Si bien lo que alcanzamos a ver es el aumento en la cantidad de basura municipal que se incrementa en promedio entre un sesenta y un ochenta por ciento, con lo cual el porcentaje de cualquier otro mes que es de 1.5 a 2 kilogramos por persona para a estar entre los 2 y los 2.75 kilos en el mes de diciembre. De esto el mayor porcentaje es plástico de un solo uso, unicel entre otros que no pueden ser reciclados, reutilizados y que su destino final en el mejor de los casos es un relleno sanitario donde será enterrado por toda la eternidad. En el peor de los escenarios, contrario a lo que nos dicen los medios de comunicación y a esta nueva moda anti-plástico no son los océanos, sino las incineradoras y los hornos cementeros donde serán quemados causando un daño terrible a la salud ambiental y humana de los ecosistemas cercanos a estas plantas. Esta es la parte que alcanzamos a ver, de la que tenemos conciencia que sabemos que sale de nuestras casas a los camiones de la basura y luego perdemos el interés en ella. No sabemos –y en muchos casos no nos importa- donde termina. Es problema del municipio me dijo una vez una persona a la que le pregunte que pasaba con su basura.

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Happy! Reinventando las historias de navidad

“La homosexualidad se construye en Batman. No estoy usando gay en sentido peyorativo, pero Batman es muy muy gay. Simplemente no hay que negarlo”

Grant Morrison, Playboy Magazine, 2012

 

 

Un buen escritor de comics es aquel que puede resolver una historia en un solo tomo, sin necesidad de alargarla por años. Son aquellos capaces de armar novelas en las cuales pueden darnos toda la emoción en una sola sentada. Con esto no digo que no disfruto leer una buena serie, solo que…y bueno, si además la historia cuenta con un arte gráfico a la altura es todavía mejor.

Grant Morrison tiene esta cualidad. Solo basta con leer Arkham Asylum o The Filth para saber de lo que hablo, además de algunos de sus trabajos más personales como lo es Happy!, su retorcida visión de un cuento de navidad.

Hace un par de años estando en el aeropuerto de Madrid con –Inexplicablemente- unos euros de sobra me encontré con tres libros que sabía no los podría encontrar en México: Deadpool: the complete collection, Moon Girl y Dinosaurio Diabólico, la serie escrita y dibujada por Reader y Bustos la cual reseñare en otra ocasión no solo por lo buena que es, sino por ser creada por dos de las pocas mujeres dentro de un ambiente dominado por los hombres, y que –espero y se- que pronto va cambiar. El tercero fue ¡Happy! Editado en España por Panini Comics. Le leí en el avión y página a página me fue sorprendiendo como Morrison toma de escenario central para su historia la época navideña y con una deliciosa perversidad y mucho humor negro nos cuenta como Nick Sax, un ex-policía, alcohólico, un perdedor al estilo de la literatura noir que al perder su trabajo comienza su caída al abismo como asesino a sueldo de la mafia, misma que en un intento de asesinarlo, con una violencia brutal, gráfica y sin sentido logra sobrevivir asesinando a los sicarios que fueron a matarlo a él solo para terminar con un ataque al corazón, del cual despierta para encontrarse con un burro-unicornio azul, extremadamente optimista, sarcástico, que necesita su ayuda. Sax en un inicio cree que es una alucinación por su estilo de vida, en el desarrollo de la historia se da cuenta que es un amigo imaginario de alguien cercano a él y comienza la aventura navideña más esquizofrénica y violenta para encontrar el destructor de mundos como Happy! Llama a ese villano que le quito lo único que le importa. Sin más spoilers hasta ahí les dejo la historia.

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Migrantes, desplazados, refugiados

El paso por México de la Caravana Migrante proveniente de Honduras a traído consigo una serie de reacciones que van desde las muestras de apoyo, la solidaridad, el reconocimiento de la crisis en todo sentido que se vive en la región y en el mundo, el reconocimiento de la violencia que se ejerce en el país a todos los que migran y que los obliga a viajar en bloque, en esta caravana, hasta reacciones xenofóbicas, aporofobicas, clasistas por parte de un gran sector de la población, ese sector aspiracionista que cree estar más cercana a Carlos Slim que a los migrantes o desplazados en el mismo país o desde otro. Los más de cinco mil hondureños que decidieron cruzar fronteras políticas con la esperanza de llegar a los Estados Unidos buscando el mal llamado sueño americano son parte de esos casi 40 mil hondureños que año con año cruzan para llegar a su destino final. Muchos de ellos deportados de nuevo, otros asesinados en el camino, los más pocos alcanzando a medias o menos lo que buscan. Un futuro para ellos y sus familias. Con esto quiero decir que esta no es una situación inusual. Esta vez solo han decidido viajar en bloque para mayor seguridad de las familias, de los niños y las mujeres. Esto en palabras de los propios hondureños, muchos de los cuales ya han perdido familiares en alguno de estos viajes en otro momento.

Ahora ¿La palabra migración define de manera correcta este éxodo masivo? Si nos apegamos al sentido estricto del concepto, claro que son migrantes, pero si analizamos las razones por las que estas personas deciden dejar sus territorios, estamos hablando de desplazamiento forzoso, son víctimas directas del modelo neo-extractivista que como a muchos otros países tiene a Honduras en una severa crisis social, política, económica y ecológica y de la cual no parece que vayan a salir pronto, al contrario, va en aumento. Honduras es el experimento más exitoso en el continente americano del control que ejerce este nuevo feudalismo donde las corporaciones transnacionales deciden hasta el número de habitantes que debe de tener un país. Existen otros experimentos exitosos en el mundo. Siria es el ejemplo más grande de los que significa someter a un país, a un gobierno a las decisiones de las corporaciones transnacionales. En Centroamérica e general y Honduras en particular en los últimos años la industria hidroeléctrica, minera, agroindustrial, turística han ido ganando terreno, privatizando miles de hectáreas, desplazando, asesinando, criminalizando a cualquiera que oponga resistencia. Esto trae consigo una violencia social que vuelve insostenible la vida en ese país.

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